Retos del cohousing senior para los próximos años

No todo lo que reluce es cohousing senior. La proliferación de proyectos ha llevado a una banalización y mercantilización del concepto. Frente a los proyectos de orfebrería de las cooperativas pioneras surgen los “cohousing llave en mano con vistas al mar”. Proyectos estos legítimos y con indudable valor pero que se alejan de la filosofía original.

Frente a la construcción de un grupo, un ideario, unas expectativas, un diseño conjunto y unas aspiraciones comunes. Este nuevo modelo se basa en la construcción de un complejo, generalmente bien ubicado, con instalaciones, que en el futuro será gestionado por una cooperativa de la que son partícipes los propietarios. Cuando se entra a vivir comenzará la vida de la comunidad y sin un proyecto conjunto previo será difícil que alcance el éxito. En general, se está ante una urbanización con servicios, donde las expectativas de cada uno difieren de la del vecino y hay que empezar la labor de crear comunidad. Habrá personas que quieran disfrutar de las instalaciones, otras que no podrán o no querrán pagar los servicios y otras que no quieren ver sillas de ruedas en una urbanización que ellos habían imaginado para disfrutar. ¿Como conjugar estos distintos intereses sin un conocimiento previo de lo que quiere el conjunto, con unas instalaciones marcadas por el constructor, etc?

La estandarización de un modelo sin perder la identidad. El anterior punto nos lleva a la siguiente reflexión. Diez años de maduración son inasumibles para un proyecto. Es cierto, que un periodo de maduración favorece la cohesión y la estabilidad del proyecto, pero una persona que se acerca o está en la jubilación, y se plantea la idea de incorporarse a un cohousing de nueva creación, le es difícil comprometerse en una propuesta que le puede llevar a entrar a vivir en el cohousing con setenta y cinco años o más. Pero ¿cómo hacemos proyectos con periodos de maduración más cortos sin perder la identidad del cohousing? O dicho de otra manera ¿cómo estandarizamos la creación de cohousing sin caer en la instrumentalización de este modelo?

Cada cohousing construido es una fuente de experiencia para los futuros. Cada cohousing en funcionamiento es un banco de pruebas para el siguiente. Quizás no haya que inventar tantas cosas si los anteriores ya lo han solucionado. Quizás pecamos de soberbia al querer buscar la originalidad cuando deberíamos buscar la eficiencia. La copia de las experiencias buenas debe ser una guía para los siguientes.

Para acortar los plazos de maduración, necesitamos abordar, además del tratamiento del grupo, que es lo primero, algunos aspectos también importantes: suelo y financiación. El suelo suele ser un nudo gordiano en los proyectos que recibimos. El suelo no es un problema específico del cohousing senior, al contrario, es un problema social al que se ha tratado de poner soluciones desde las distintas administraciones y con distintos enfoques con escaso éxito. Las cooperativas de vivienda conocen bien esta lucha por este bien escaso. En este sentido, la sensibilidad de las administraciones a la hora de poner a disposición de los proyectos suelo con fórmulas que permitan el acceso a ellas en mejores condiciones es imprescindible. Algunos grupos, cuyo origen es urbano han desarrollado su cohousing en entornos rurales. Esta es una alternativa que puede ser explorada por las posibles sinergias que se crean con las nuevas políticas derivadas del reto demográfico. Como hemos dicho, cabe recordar que algunos cohousing establecidos en zonas rurales se han convertido en la principal industria de esos lugares.

En los últimos años, algunas administraciones se han interesado por esta clase de proyectos y aunque todavía son experiencias piloto, se están reservando parcelas para cohousing senior y habitacional.

La financiación es otro obstáculo para conseguir el cohousing. Las especiales características de los proyectos y de las personas que lo forman hacen que la banca se acerque a ellos con cautela. No hay que olvidar que se financia a una cooperativa, que en general, no tiene actividad reseñable con anterioridad y, por lo tanto, las garantías exigidas por la entidad financiera seguramente se incrementarán. En este sentido, acuerdos con la banca que sea más sensible a estos proyectos serán necesarios.

El papel del consultor o gestoría. Relacionado con lo anterior está el papel del consultor. En este sector se emplean nombres eufemísticos y algo pretenciosos como facilitador, acompañante, catalizador, o mediador, quizás porque han sufrido cierto desprestigio. Estos profesionales son contratados por la cooperativa para impulsar el proyecto.

La construcción de un cohousing requiere de unos conocimientos técnicos que no están al alcance ni de los intereses de todos los socios. Por lo tanto, la contratación de personas especializadas que se dediquen a temas específicos del proyecto es perfectamente entendible y recomendable.

Habría que valorizar esta figura, ya que puede ser clave en el desarrollo de los proyectos. El trabajo conjunto de estos profesionales y el sector será imprescindible para el desarrollo del sector. Deberíamos hacer un ejercicio conjunto para estudiar las auténticas necesidades de un proyecto, recurriendo a asesoramientos contrastados y siempre necesarios y prescindir de elementos superfluos que aportan poco valor añadido.

El cambio de filosofía de un proyecto. Todavía nuestros proyectos son jóvenes aunque estén promovidos por personas mayores, pero algunos empiezan a tener suficientes años para marcar indicios de tendencias que sin duda se repetirán el futuro. La vida orgánica de un proyecto cambia, en parte para adaptarse a un entorno cambiante o bien para satisfacer nuevas necesidades de sus socios. ¿Cómo conjugamos estos cambios que se plantearán con la filosofía que inspiró a los fundadores que todavía están presentes en el proyecto? A priori, podemos entender estos cambios, pero muchas veces son tan profundos que el proyecto cambia radicalmente produciendo mucha insatisfacción entre sus miembros. Un buen ejemplo es un cohousing planificado exclusivamente para la convivencia que se transforma en uno asistencial o viceversa.

En el tratamiento del grupo, debemos tener en cuenta que éste es algo vivo, no estático. Y la filosofía que inspira la configuración de un cohousing puede variar con el tiempo. La natural sucesión de personas y las distintas necesidades según la edad vital de las mismas, hacen que se vaya conformando como una nueva realidad que puede cambiar desde sus orígenes. Así, proyectos que no habían pensado en la dependencia en sus orígenes, buscan soluciones cuando el grupo se enfrenta a esta realidad o grupos cohesionados en torno a unos valores, se desvinculan de los mismos para explorar otras formas de convivir. Así, debemos tener en cuenta que el grupo es algo vivo.

La incorporación de nuevos cooperativistas. Los miembros de la comunidad senior saldrán de la cooperativa por propia voluntad o por fallecimiento. Esto trastoca la vida financiera de la cooperativa ya que deben devolverse las aportaciones al capital que en su día el socio aportó. En el caso de baja por propia voluntad, las aportaciones se devolverán al propio socio, y en el caso de fallecimiento a los herederos, con los periodos marcados en la ley y estatutos.

La cooperativa tiene la necesidad de incorporar otro socio, que cubra los gastos corrientes, pero también reemplace la aportación al capital, restableciendo el equilibrio financiero. Si se produce esta nueva incorporación la cooperativa no tendrá problemas. De lo contrario, sufrirá un proceso de descapitalización que puede hacer el proyecto inviable.

Si el proyecto es suficientemente atractivo para tener socios expectantes, no habrá problema. Sin embargo, cuando esto no ocurre se genera una descompensación que afecta al proyecto en general: menos socios para financiar los servicios y además desequilibrio financiero al tener la obligación de devolver la aportación al capital.

Este tipo de situaciones no son raras y se están dando con más frecuencia de la deseada. Por ello, el cohousing debe mantener el atractivo en el tiempo para atraer nuevos cooperativistas al proyecto basándose, bajo mi punto de vista en dos aspectos: la filosofía del proyecto y los servicios que presta a las personas residentes.

La integración del cohousing en los servicios sociales. El cohousing senior no es una residencia, ni pretende serlo. Sin embargo, se trata de un grupo de personas que han decidido envejecer juntos en un espacio residencial creado al efecto. Es un modelo que promueve y desarrolla el principio de autonomía de las personas mayores. No se trata, por tanto, de una residencia al uso, por lo que consideramos que así se le ha de reconocer a la hora de encuadrar estos nuevos espacios dentro de las distintas tipologías de centros de servicios sociales. Por ello es necesario definir, a nivel estatal y autonómico, qué es una cooperativa residencial y asistencial para personas mayores.

En estas comunidades de personas nos encontraremos con residentes en perfecto estado de salud y otras en situación de dependencia reconocida. La exigencia de requisitos similares a las de una residencia tradicional alteraría la filosofía y la forma de convivencia que se pretende en el proyecto. Sin embargo, hay que dar solución a las dependencias existentes y que inevitablemente llegarán de una forma adecuada. En este sentido, las normativas autonómicas se deben adaptar a esta nueva forma de entender la vejez para en unos casos no sobrecargar la estructura asistencial del cohousing y en otros, ofrecer unos servicios necesarios para personas con dependencia.

En este sentido, algunas comunidades autónomas han mostrado su preocupación por dar un marco adecuado a estos proyectos. Particularmente positiva es la Resolución 940/2022 de la Comunidad de Madrid por la que se establecen los criterios que han de regir el régimen de autorización de viviendas colaborativas para la promoción de la autonomía personal y la atención a la dependencia de personas mayores. El cumplimiento de estos criterios, que cuentan con suficiente flexibilidad sobre la normativa en materia de ordenación de centros, acredita al cohousing a prestar los servicios necesarios dentro del marco de los servicios sociales. Sin duda, este es camino a seguir en este aspecto, permitiendo a la propia cooperativa realizar los servicios que los socios demandan y a su vez, permitir a los usuarios contratar con la cooperativa los servicios demandados al ser un servicio acreditado.

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