Hispacoop subraya, en la jornada conmemorativa del 25 aniversario de la AESAN, la importancia de la información fiable, el etiquetado claro y la colaboración de toda la cadena alimentaria para fortalecer la confianza de la ciudadanía.
En el marco de la jornada conmemorativa del 25 aniversario de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), Hispacoop puso el foco en el papel esencial que desempeñan las personas consumidoras dentro del sistema alimentario. Una participación que no se limita a recibir información, sino que contribuye a generar confianza, impulsar hábitos responsables y reforzar un modelo de alimentación más seguro, saludable y sostenible.

La celebración de este aniversario permite recordar la evolución que ha experimentado la seguridad alimentaria en España durante las últimas décadas. Si en sus inicios el debate estuvo especialmente vinculado a la gestión del riesgo y a la respuesta ante crisis alimentarias, hoy el enfoque es más amplio. La seguridad alimentaria se relaciona también con la salud pública, la sostenibilidad, la calidad de vida y la capacidad de las personas consumidoras para tomar decisiones informadas.
Desde las organizaciones de consumidores se destaca que la confianza es uno de los pilares fundamentales del sistema alimentario. Esa confianza se construye con colaboración, rapidez y transparencia en la información. Las grandes crisis alimentarias han demostrado que una información veraz, ofrecida en el momento adecuado y a través de canales fiables, puede evitar confusión, reducir alarmas innecesarias y facilitar una respuesta adecuada por parte de la ciudadanía.
En este contexto, las asociaciones de consumidores actúan como puente entre las administraciones, la comunidad científica, el sector alimentario y las familias. Su labor de formar, informar, traducir y acompañar resulta especialmente importante en un entorno marcado por la sobreinformación. Hoy el reto no es solo acceder a datos, sino distinguir qué información es fiable y qué fuentes merecen confianza.
Uno de los elementos más importantes para las personas consumidoras sigue siendo el etiquetado de los alimentos. Un etiquetado claro, visible y comprensible permite comparar productos, identificar ingredientes, revisar la presencia de alérgenos y elegir de acuerdo con las necesidades de cada persona o familia. A pesar de los avances, sigue siendo un ámbito con margen de mejora, especialmente cuando la información resulta difícil de localizar, interpretar o comparar.
La intervención también puso de relieve que las personas consumidoras conocen cada vez mejor qué significa consumir de forma responsable. Existe una mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación saludable, el valor de los productos de temporada, la necesidad de evitar el desperdicio alimentario y el impacto que las decisiones de compra pueden tener sobre la salud, el medio ambiente y la sociedad.
Sin embargo, saber qué es saludable y sostenible no siempre significa poder elegirlo. El precio de la cesta de la compra, que ha experimentado un incremento notable en los últimos años, condiciona muchas decisiones cotidianas. Por ello, facilitar el acceso a productos saludables y sostenibles exige la colaboración de todos los eslabones de la cadena alimentaria: administraciones, industria, distribución, organizaciones de consumidores y ciudadanía.
La población infantil merece una atención especial. Los niños y niñas son los consumidores del futuro, pero también un colectivo especialmente vulnerable ante la obesidad y la exposición constante a mensajes comerciales que pueden confundir o dificultar la adquisición de hábitos saludables. La educación nutricional, las campañas de sensibilización y la promoción de entornos alimentarios más saludables deben seguir siendo una prioridad.
Hispacoop recuerda que las personas consumidoras tienen capacidad real para generar cambios en el sistema alimentario. Sus decisiones influyen en la formulación de productos, en los formatos, en los envases, en los modelos de producción y en la demanda de opciones más saludables y sostenibles.
Avanzar hacia un sistema alimentario más seguro, saludable y sostenible requiere información clara, fuentes fiables y una colaboración estable entre todos los agentes implicados. Solo desde ese trabajo conjunto será posible reforzar la confianza de la ciudadanía y seguir mejorando la protección de la salud de las personas consumidoras.
